Autor: Numa P. Maldonado A.
Es indudable que existe una relación directa (un estrecho vínculo) entre el nivel de educación y el grado de pobreza: los pueblos y naciones con bajo nivel educativo siempre han sido, son y serán los más pobres.
Ejemplos:
En las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado países como China,
Singapur, Corea del Sur, Finlandia y Hong Kong fueron considerados como
países pobres y muy pobres; sin embargo, lograron mejorar
sustancialmente la educación y hoy disfrutan de un nivel de vida
realmente envidiable y admirable: sus “alumnos obtuvieron los primeros
cinco lugares entre los 67 países que participaron del último examen
PISA-OCDE realizado en el año 2009. Mientras que, en nuestra
“triunfalista”, sindicalizada y mal educada América Latina, Chile,
Uruguay, México, Colombia, Brasil, Argentina, Panamá y Perú ocuparon,
respectivamente, los lugares de números 45, 48, 49, 53, 54, 58, 63 y 64
entre los 67 países participantes ”.
Varios
“obstáculos”, según Polan Lacki y Juan Manuel Zepeda del Valle (2011),
impiden “la gradual, pero inmediata, reconstrucción de nuestra
semi-destruida educación” (de Ecuador y América Latina en general):
1)
Las actitudes de los líderes sindicales del magisterio, que han
“condicionado” el mejoramiento de la educación a sus intereses
corporativos (mejores salarios, cómodo calendario escolar, estabilidad
en el trabajo, jubilaciones precoces, tolerancia con el elevado
ausentismo...);
2)
“La pésima formación que las facultades de educación/pedagogía o
escuelas normales están proporcionando a los futuros profesores
(disfuncional, descontextualizada, excesivamente teórica y abstracta,
politizada e "ideologizada”)”;
3)
“La nefasta interferencia político-partidaria y sindical en la
formulación de las políticas educativas y particularmente en la
designación/nombramiento de los profesores y directores de las
facultades de educación/escuelas normales y escuelas fundamentales”;
4) “La inexistencia de estímulos salariales a los mejores maestros;
5)
“La evidente inadecuación de los contenidos curriculares”, con
contenidos irrelevantes y/o desactualizados; contenidos que deben ser
reemplazados por otros que sean de real utilidad para enfrentar la vida
con posibilidades de éxito (precisamente para salir de la “pobreza
intelectual, ética y económica”. Un hombre o una mujer, ética e
intelectualmente bien preparados, jamás podrán ser “pobres”;
6)
la “inexistencia de medidas de valoración de la profesión docente”.
Creando condiciones y estímulos adecuados: estableciendo criterios muy
rigurosos para seleccionar los candidatos para el magisterio (dominio
del idioma, matemáticas, comunicación fluente e inteligible, deseo e
interés de seguir estudiando y perfeccionándose; y, sobre todo, vocación
y voluntad de ser docente). “En Corea del Sur solo pueden postularse a
las escuelas formadoras de profesores los 5% mejores alumnos de la
secundaria, en Finlandia los 10% y en Singapur los 30%. En América
Latina ocurre exactamente lo contrario, pues ingresan a las carreras
docentes los que obtuvieran los últimos lugares en la enseñanza media o
preparatoria… ”. Huelga decir que un buen maestro merece una
remuneración económica que le permita vivir dignamente y abastecer la
justa demanda de su curiosidad intelectual…
El
bajo nivel educativo que nos agobia a todos los países y pueblos
latinoamericanos y nos mantiene pobres y “subdesarrollados” tiene su
origen en “las profundas debilidades de nuestro sistema de educación”,
encerrado en un perverso círculo vicioso: facultades de ciencias de la
educación (pésimas formadoras de docentes) – escuelas primarias (con
malos profesores) – padres de familia sin valores (formados en escuelas
deficientes, con profesores improvisados). Por eso, sino elevamos
urgentemente el nivel educativo, desgraciadamente seguiremos siendo
“pobres".
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